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Actualizada el: Martes, 11 de diciembre de 2018 19:29
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Redacción
Miércoles, 28 de noviembre de 2018
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Director de Responsabilidad Social Corporativa Chávarri Abogados

Trabajo y Dignificación para construir el Bien Común

La sociedad en la que desarrollamos nuestra vida debe de tomar conciencia de que cada persona tiene derecho a un trabajo digno. Las sociedades más avanzadas en Derechos tienen como objetivo que la población en edad de trabajar pueda disponer de un trabajo adecuado a su perfil; pero, hoy por hoy, todavía se precisa hacer un camino no exento de dificultades para divisar un horizonte claro y conciso al respecto. Si nos fijamos en el paisaje de territorios en donde los Derechos no fluyen con el color adecuado la situación es terrible, divisándose un dibujo que evoca tristeza, angustia y dolor.

El trabajo es un bien al que toda persona debe de tener acceso porque el cumplimiento de este fin es una herramienta eficaz para que el mundo pueda tener equilibrio y coherencia. El trabajo es dignidad y esto hace posible que cada persona se pueda sentir más realizada. Trabajar es la mejor medicina para ayudar a que exista un equilibrio justo; lo cual puede conllevar a que existan menos conflictos y se genere un espíritu de colaboración social.

 

 

Nuestro mundo vive en tensión porque los parámetros económicos y políticos están en una línea que puede ser abatida por el egoísmo. Se precisa, con urgencia, centrarnos en lograr desarrollar valores que respeten la libertad y la creatividad positiva de las personas, no podemos quedar reducidos a simples pinceles manejados interesadamente por quienes deben de ejercer su trabajo como un servicio desinteresado. Esto nos conduce a un paisaje sin perspectiva, en donde la dignidad queda ocultada y sin la luz que pueda dar la claridad adecuada.

 

 

El Papa Francisco nos advierte al respecto "El miedo y la desesperación se apoderan del corazón de numerosas personas, incluso en los llamados países ricos. La alegría de vivir frecuentemente se apaga, la falta de respeto y la violencia crecen, la inequidad es cada vez más patente. Hay que luchar para vivir y, a menudo, para vivir con poca dignidad. Este cambio de época se ha generado por los enormes saltos cualitativos, cuantitativos, y acumulativos que se dan en el desarrollo científico, en las innovaciones tecnológicas y en sus veloces aplicaciones en distintos campos de la naturaleza y de la vida. Estamos en la era del conocimiento y la información, fuente de nuevas formas de un poder muchas veces anónimo"

 

 

La búsqueda del bien común nos pone en la perspectiva de lograr que las sociedades puedan disponer de las herramientas necesarias para construir una sociedad sin miedos y sin desesperaciones; he aquí que el trabajo es el canal necesario para que cada persona pueda contribuir positivamente en la articulación de modelos sociales comprometidos con la dignificación de las personas.

 

 

Para lo anterior, empresarios y políticos son llamados por los ciudadanos para que busquen soluciones adecuadas y justas. Por separado poco se podrá lograr porque el egoísmo podrá ser el que marque el entorno del paisaje y la dignidad quede relegada a un color imperceptible para la visión de las personas.

 

 

Si queremos que el trabajo sea uno de los motores esenciales para la convivencia entre las personas hay que emplearse con ímpetu y valentía, presentando al Bien Común como el paisaje del que podrá disfrutar cada persona. Tenemos que lograr cambiar la tendencia y hacer que todos los agentes sociales nos impliquemos en lograr dignificar la sociedad. Por esta razón hay que tomar conciencia de la responsabilidad que tenemos, y de la necesidad que políticos y empresarios se percaten que ellos son un puntal necesario para no caer en lo que la Exhortación Apostólica La Alegría del Evangelio nos indica "Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar. Hemos dado inicio a la cultura del « descarte » que, además, se promueve. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son « explotados » sino desechos, « sobrantes ».

 

 

La puesta en marcha del Bien Común en relación con el trabajo nos interpela y hace que en nuestra mente surja una pregunta ¿hacemos todo lo posible para construir una sociedad en donde el trabajo sea un Derecho para cada persona que forma parte de la misma? pero, además, nuestro corazón queda marcado por un latido permanente ¿nos importan las situaciones de dolor y angustia que se generan en nuestra sociedad por la falta de una coherencia de vida?

 

 

Para divisar un paisaje con esplendor es necesario disponer de la posición adecuada y acudir a la atalaya con espíritu constructivo. Hay que mirar y observar siendo conscientes que solo descubriremos los colores y la luz necesaria si logramos que el trabajo dignifique a las personas, al mismo tiempo de que logremos que la dignificación del trabajo sea la proyección de un Bien Común que construimos entre todos, apoyándonos en que tenemos la certeza de que hay Alguien que está con nosotros tal y como dice el Papa Francisco " El Creador no nos abandona, nunca hizo marcha atrás en su proyecto de amor, no se arrepiente de habernos creado. La humanidad aún posee la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común. Deseo reconocer, alentar y dar las gracias a todos los que, en los más variados sectores de la actividad humana, están trabajando para garantizar la protección de la casa que compartimos".

 

La próxima semana intentaré acercarme al Bien Común como eje constructivo en las relaciones internacionales.

 

David López Royo

Director de Responsabilidad Social Corporativa Chávarri Abogados

Delegado Episcopal de Fundaciones Archidiócesis de Madrid

 

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