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Actualizada el: Lunes, 18 de febrero de 2019 22:17
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Redacción
Lunes, 14 de enero de 2019
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Presidente de Aragonex

Constitución para vivir

Tengo un amigo aficionado a la fotografía. Podría decir que desde siempre, es como una obsesión
para él. Va siempre con su máquina a cualquier lugar o acontecimiento que crea pueda generarle alguna fotografía interesante; pero tiene una condición especial,.

En el año 1978 se compró una máquina fotográfica, lo último que había en el mercado, réflex y un puñado más de cosas, y era la envidia de los que le veían con su cámara nueva de tan altas prestaciones. Ahora tengo una lucha con él, estamos terminando el 2018 y continúa anclado a su máquina, dice que tiene una óptica no superada y yo le digo: “pero no ves que tienes todavía que andar comprando rollos, teniendo que llevarlos a revelar y hacer copias, cuando todo esto ya está superado; ya no hay carretes, las fotos se generan en tarjetas y las guardas en el ordenador o donde quieras y si precisas imprimir alguna, lo haces en cualquier momento y sin necesitar a nada ni a nadie”.

 

Parece que está comenzando a entrar en razón y cree que lo importante es su gran afición fotográfica, y que la máquina es un instrumento necesario, pero adecuable a los cambios que traen los tiempos y, que su ya vieja cámara, deberá pasar a ocupar un lugar preferente en su colección/archivo fotográfico y agradecerle que le haya hecho tan buena compañía durante tanto tiempo.

 

He querido contarles la historia de mi amigo y su cámara fotográfica, porque pensando en todo ello he llegado a la conclusión del enorme paralelismo que sucede para nosotros, los españoles, con nuestra Constitución. Fue magnífica, nos condujo hasta hoy y aquí, con los mayores avances que nunca habíamos  pensado y alguno más. Fue el gran punto de cambio hacia la democracia, que para muchos era el deseo no resuelto; en definitiva, nos subimos a ella y fue generosa y pródiga con todos los ciudadanos. Pero el tiempo no pasa en balde, y todo tiene tendencia a cambiar. Por tanto, nuestro principal instrumento de convivencia debe también adecuarse y afrontar los retos que las nuevas generaciones vienen demandando, y para ello hay una herramienta que nunca falla, la voluntad del acuerdo.

 

Así pues, no veamos las reformas de la Constitución, como una alteración pecaminosa en las Tablas de la Ley. Como una adecuación al mayor y mejor respeto de los ciudadanos para con ella, pues de esa forma encontrarán una más conjuntada identidad, y esto es lo que hace que se le respete como el vehículo que garantiza la democracia.

 

Con toda seguridad, si nos ponemos a trabajar en su transformación con espíritu de acuerdos para todos, conseguiremos ese nuevo modelo de máquina fotográfica. Desde el Título Preliminar al Título V, sin duda habrá cosas que se puedan debatir y cambiar o no. Lo importante viene en los Títulos del VI al IX, con un matiz fundamental que es la redefinición necesaria y urgente del Senado, Cámara devaluada y poco res- petada por la ciudadanía.

 

Pequeñas reflexiones sobre los Títulos, que a mi personal forma de entender, deben debatirse con el fin claro de transformar el Poder Judicial, de cuya indepdendencia en sus formas de administrar de justicia estoy convencido, sin embargo es preciso garantizar el Gobierno de los Jueces con un órgano al margen de la política. No entiendo que el modo de elección deba salir del ámbito de nuestros representantes, pero si debe garantizarse su nula implicación con los partidos políticos: con ese mismo criterio, creo que el Tribunal Constitucional, debería pasar a formar parte del Tribunal Supremo, como una más de sus salas, de esa forma los magistrados tendrán la garantía de su inamovilidad hasta su jubilación o su decisión personal.

 

En la organización territorial del Estado, debemos trabajar duro y sin condiciones. Solo el artículo 2 debe marcar el límite de esta nueva definición territorial, que a mi modo de ver debe configurarse como un estado federal, que es la mejor manera de hacer justicia a la historia, país de reinos, y no andar con encubrimientos que solo nos conducen a conflictos interterritoriales. Así que con un nuevo Senado a dis- frutar de una nueva España.

 

Por último, el Título VII: Economía y Hacienda a mi modo de entender, es el que menos garantiza el funcionamiento de la economía, basado en un modelo que ya ha dejado de existir, ya que estamos en un mundo mucho más global, con mercados abiertos, con economías diferentes, circular e inclusiva, que permiten mayor implicación del empresario en un sistema de sociedad responsable con sus acciones. También debería tener en cuenta fórmulas para evitar la despoblación en todo el interior del país, pues se está marginando o, más bien, desperdiciando la gestión de esa riqueza que nos configuraría como un estado más equilibrado y solidario. Por último, no quiero dejar al margen que se debe trabajar en la configuración de un sistema financiero, que dé respuesta a las necesidades de la sociedad en su conjunto y no se limite, como es el caso actual, a una carrera loca por ganar dinero a costa de lo que sea.

 

Bien, es preciso finalizar con el claro propósito de que al igual que mi amigo va a cambiar de cámara fotográfica, mante- niendo su creencia y apuesta por la fofografía, nosotros debemos transformar nuestra querida Constitución sin alejarnos un ápice de la esencia que desprende: Vivir en democracia.

Antonio Morlanes 

Presidente de Aragonex

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