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Digital económico de Aragón y sus protagonistas
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Actualizada el: Viernes, 20 de septiembre de 2019 12:13
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Ana Belén Hernández Sánchez
Martes, 21 de mayo de 2019
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POLITÓLOGA, JURISTA GESTORA PUBLICA Y TÉCNICO EN MARKETING Y COMERCIO EXTERIOR

Valores? Política? Dos conceptos poco compatibles

Actualmente, es muy común escuchar frases como: "se están perdiendo los valores", "existe una pérdida total de valores", "en mis tiempos están cosas no pasaban". Por lo general, estos comentarios corresponden a la pérdida de valores morales y sociales. Cierto es que cada ser humano tiene una concepción distinta de lo que son los valores morales, ya que lo que para algunos es moral, para otros puede ser inmoral.

Los valores son concebidos de acuerdo con los parámetros y necesidades de cada sociedad, lo que hace que no exista una definición objetiva al respecto.

 

Realmente bajo mi perspectiva, la crisis por la que atravesamos no es una crisis de valores en sí, sino del sentido de éstos y de nuestra aptitud para gobernar y orientar los conductas humanas. La descomposición social que se vive en la actualidad, engloba todos las aspectos de la vida  y, por desgracia en los últimos tiempos a medida que avanzado generación tras generación vamos observando como los valores han perdido "fuerza" dentro de las sociedades hecho del cual se han ocupado  dejar claro ejemplo  muchos de nuestros políticos o gobernantes.

 

Las prácticas éticas, concretamente las cívicas o ciudadanas, están demostrando con toda propiedad que el desarrollo económico y político del Estado debería ir a la par con el cumplimiento de principios o normas de moralidad pública. En una sociedad cada vez más globalizada por el dominio de la razón técnica, tecnológica, es necesario orientar éticamente la racionalidad de nuestras acciones humanas hacia fines sociales mucho más justos, equitativos y democráticos. El ideal griego de la “res publica” todavía compromete al Estado moderno con la práctica de valores éticos. Sin éstos, la gobernabilidad de la sociedad se hace mucho más conflictiva, en vez de tolerante y consensuada. La inclusión de normas éticas y principios morales en las políticas públicas del estado social, es cada vez más legítima si se quiere que el Estado cumpla adecuadamente su rol de integración social.

 

Lamentablemente en nuestro país hemos corroborado que existen grandes intereses personales y sectoriales que actúan solo por conveniencia- al igual que muchos casos por obediencia - y buscan en la política  y hacen de ella un medio esencial de vida tratando de mantener el poder para copar espacios y cargos que inexorablemente se transforman en el tiempo en grandes focos de corrupción. Estas actitudes frivolizan la función pública y disminuyen la calidad de la política, lo cual bloquea el camino de nuestro país hacia el  crecimiento, para el desarrollo esperado.

 

Bajo este panorama existen justificadas razones de desconfianza y sospechas de la ciudadanía sobre las actuaciones, decisiones, conductas y prácticas de muchos políticos, las malas acciones y corruptelas que se producen en el ámbito político por corrupción y falta de ética, amparadas por el poder, tienen un profundo impacto negativo sobre la sociedad y por ende en la credibilidad en la política como medio para lograr una sociedad mejor, hecho el cual a mi personalmente, como politóloga y  servidora publica  y defensora a ultranza de un gobierno y servicio publico de calidad para todos lo ciudadanos de España,  me da especial lastima pues un país como el nuestro requiere que la política se convierta en el fin supremo de la sociedad, evitando que   los valores éticos no estén ausentes en los asuntos de Estado  para evitar de esta manera que aparecerán diversas conductas antitéticas, algunas de ellas incluso consideradas como delitos.

 

Cuando gobernantes y funcionarios públicos, en servicio o en calidad de aspirantes, son tocados por los anti-valores, se olvidan del objetivo de todo gobierno que es la justicia y el bien común de la comunidad política. Actualmente hay un desvío de los objetivos originales de la política, los intereses de muchos políticos ya no son los intereses de los ciudadanos, lo que se busca de éstos es el voto para llegar al poder, legitimarse y mantenerse en él. El fin ha sido sustituido por el medio, y, hasta que no logremos imprimir en España los valores éticos en la conciencia colectiva, a través del ejemplo de las autoridades políticas, no lograremos iniciar el gran cambio hacia el desarrollo y progreso.

 

 La sola implementación de controles externos al individuo, las novedosas y sofisticadas medidas anti-corrupción, no disminuyen las acciones corruptas, de hecho, vemos que incrementan cada dia en mayor medida; por lo que podremos afirmar que  los actuales instrumentos de control no bastan para detener la corrupción debido a que  dejan lo esencial, es decir, todo lo  referido a la esfera interna del individuo, a su educación, a sus valores, a su percepción y convicciones. Pues  para hacer factible el propio control del servidor público, el auto-control debemos de dirigirnos hacia la concienciación.

 

 Pero no nos equivoquemos pues Este desvío de fines y recursos económicos es una realidad global,ya que se da de manifiesto  tanto en los gobiernos nacionales como en  organismos internacionales como la OTAN, la ONU o la UNESCO. Corrupción hecho global que no atiende a barreras, pues  se manifiesta tanto en países desarrollados: Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Alemania, Italia o España, como en países en vías de desarrollo: Argentina, Nigeria o República Dominicana.

 

 Fenómeno permanente en la historia, pues en mayor o menor medida ha existido desde siempre en el ámbito de lo publico, -recordemos a Ciceron, que baso su carrera política denunciando la corrupción de Verres y que hasta el estado del Vaticano se ha visto envuelto en algún ámbito de corrupción (Cardenal Mazinkus, Banco Ambrosiano..) -es tal que sugiere la idea de que la corrupción es algo inherente  e innato al ser humano, que existirá siempre cualquiera que sea el sistema político y la época histórica. Ha llegado incluso a ser calificada de endémica en todas las formas de gobierno.

 

Pero ¿hay algo que nosotros podamos  realizar para detener la corrupción que sucumbe y reproduce en los gobiernos y administraciones públicas contemporáneas?

 

Sin LUGAR A DUDAS. Una medida viable es identificar y desarrollar aquellos instrumentos en el escenario internacional que permitan construir un marco ético institucional que llegue a políticos y funcionarios. Para gobernar bien, es necesaria la máxima capacidad, lealtad y excelencia de quienes ocupan los cargos en el Estado. Personas que, además de capacidad, posean integridad y de un conjunto de valores hechos principios, una filosofía que contenga la idea de bien común así como un espíritu de servicio. Personas que comprendan que el deber está por encima del poder.

 

Podremos conseguir este tipo de perfil de conductual a través  del desarrollo de instrumentos que fomenten la Ética Pública Hoy en día, carente en nuestros gobiernos carentes de profesionales especialistas en la materia, y menos aun de un programa dirigido al fomento de una política en valores para el servicio público.

 

En algunos países, sobre todo en aquellos considerados como los más transparentes (Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca),  existen instrumentos que sirven de apoyo a la ética pública. Hace falta identificar, fortalecer y potenciar estos instrumentos en aquellos países donde no se conocen mediante una política pública en materia de ética.

 

En las últimas décadas diversos estudios de las políticas públicas se centran en los aspectos teóricos e ideológicos propios de la disciplina, pero han dejado un espacio vacío en la gestión práctica, lo que da margen a numerosas conductas irresponsables y corruptas.

 

El rescate y fortalecimiento de valores en el servicio público permite que los servidores públicos dispongan de parámetros que sirvan de referentes en su comportamiento. Son los principios y los valores los que motivan o impiden actuar de determinada manera a una persona, y la Ética es la disciplina que los muestra. Los valores en el servicio público, que no buscan adoctrinamientos ni ideologizaciones ni son propiedad de religión alguna, tienen sus fundamentos en las disciplinas Ética, Filosofía y Teoría Política. Cuando la ética se aplica al ámbito público se denomina Ética Pública o Ética para la Política y la Administración Pública.

 

Cuando un gobierno opera bajo elevados principios contribuye a generar una mejor eficiencia en la operación de las instituciones públicas en todos sus aspectos. A su vez, el adecuado funcionamiento de las instituciones genera buenos resultados en las tareas o deberes públicos. Los buenos resultados son un factor clave para que los ciudadanos vuelvan a otorgar confianza sus gobiernos

 

Vivimos en una sociedad con el nivel de preparación mas alto de la historia-o…al menos, así se no es vendido- utilicemos esa capacidad y hagamos por hacer una sociedad mas justa, mas cívica,  mas social,con valores , luchemos todos por erradicar o al menos minorar TANTA CORRUPCIÓN ¡¡ESTAMOS A TIEMPO!! ¡¡INTENTEMOSLO¡¡

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