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Digital económico de Aragón y sus protagonistas
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Actualizada el: Viernes, 15 de noviembre de 2019 12:19
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Redacción
Viernes, 8 de noviembre de 2019
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Politóloga, Jurista, Gestora Publica y Secretaria Interventora de Administración Local

Postverdad y política, ¿alguna relación?

En este momento de Campaña electoral en el que estamos inmersos, nos cansamos de escuchar a los líderes de los distintos partidos políticos decir lo que España se la juega en estas elecciones, intentándose ganar el electorado con numerosos datos, noticias, estadísticas, cifras… de las diversas áreas que dibujan el nivel de desarrollo de la economía nacional. Datos, todos ellos, que si tendiésemos a analizar dada cuenta nos traería que son de gran falsedad, fruto de una pura irrealidad.

Y si queremos un ejemplo, tan solo debemos echar la vista apenas tres días atrás y recordar el gran debate electoral, donde ni uno de los candidatos de las diferentes siglas -unos más que otros- las denominadas fakenews no escatiman en esbozar. Y es que, la sociedad ha entrado en lo que denominamos era de la postverdad, la falsedad, el engaño, se ha convertido en algo habitual, en una característica casi intrínseca de la vida actual, y es tan ubicua que nos encontramos insensibilizados a sus implicaciones; afirmaciones escasamente clarividentes que albergan un ápice de veracidad, pero que realmente distan de la pura realidad, y lo que es todavía de mayor preocupación: se han convertido en algo corriente nuestros líderes y referentes de hoy como ejecutivos, grandes empresarios, reporteros políticos así como una gran número de personas influyentes a fecha de hoy.

 

Mi mente piensa; analiza… y concluye: palabra relevante a la par que preocupante en la política y políticos en la actualidad, pero….a que nos referimos realmente cuando apelamos a este término singular que apelamos POSTVERDAD? Podríamos decir que cuando hablamos de mentira emotiva o postverdad estamos apelando un neologismo el cual describe la distorsión deliberada de una realidad con el objetivo de crear y moldear opinión pública e influir en las actitudes sociales en las que los hechos objetivos, las apelaciones, tienen menos influencia que las emociones y creencias personales. Creencias y emociones que ahora son consideradas como verdad la única y veraz verdad. Pero no nos confundamos no lectores con eso de que la postverdad es una novedad actual pues en realidad se trata de un concepto muy antiguo, atribuido a políticos, literatos y pensadores, y cuyo primer formulador fue Esquilo de Eleusis cinco siglos antes de nuestra era.

 

Pero en nuestro objetivo este de analizar el concepto postverdad dentro de mi humilde capacidad, seguiré diciendo que en Cultura Política, a la calificada como post verdad o política posfactual denominamos a aquella en la que el debate está enmarcado ya no en apelaciones sino en las emociones desconectándose de los detalles de la política publica y por la afirmación de discrepancias en las cuales las réplicas fácticas o  hechos son ignoradas. La posverdad difiere de la habitual disputa y falsedad de la realidad o veracidad dándole  importancia «secundaria». Sería algo así como «la idea en el que algo aparente ser verdad es más importante que la propia veracidad».

 

Pero, en realidad, la posverdad no es más que una elongación de una larga tradición de engaños políticos, manipulaciónes mediáticas y propaganda. No hay novedad, tan solo  nuevas fórmulas de injerencia social. Manipulación  dada desde  siempre y es aquí, al hilo de lo citadao que me viene a la  mente las palabras del e ensayista Domingo Ródenas en una entrevista apenas hace un par años que expresaba lo siguiente:

 

“No es concebible el poder político, ni la lucha política, sin el uso de la mentira o, lo que es lo mismo, de la tergiversación de la información para construir una imagen deformada de la realidad”.

 

La difusión de noticias falsas o ambiguas son una efectiva herramienta de sociabilización de un mensaje prefabricado desde el establishment -a través de los medios de comunicación de masas- para con la opinión pública, con el objetivo de modificarla o directamente crearla nueva: recordemos  el “efecto Trump”-político de la posverdad por antonomasia-,  o….el Brexit o la situación política en Cataluña por ejemplo, pues son clara prueba de ello. En este sentido, cabe comentar algunos ejemplos más que demuestran la existencia de noticias falsas y ambiguas, medias verdades y medias mentiras.

 

Muchas noticias falsas están a la orden del día en los medios de comunicación y en las redes sociales, falsedades  que pueden responder a  diversos intereses  y tener de todo tipo y de objetivos diversos, por lo que ses de especial importancia saber detectarlas e interpretarlas adecuadamente. Es aquí donde entra en juego el papel de los medios de comunicación medios como constructores de la cronica social, emisores de nuevas realidades y creadores de consenso, garantes de la verdad y  elementos reguladores ante las falsedades. Papel,  cada día mas complicado y puesto en entredicho. Pues las “mentiras emotivas” son determinantes porque tienen un impacto real y palpable en las sociedades: las falsas noticias o fake news, las verdades  s medias tintas o lo que ahora acuñamos como posverdad han dado ejemplo de su capacidad para esculpir procesos electorales, influir en la toma de decisiones populares, y, hasta, iniciar procesos belicistas, transformando de esta manera a los medios de comunicación en “una herramienta de injerencia social”, antidemocrática y al servicio de determinados intereses. Unos medios que, según el teórico cultural y sociólogo Stuart Hall (2015), “responden a mapas de prevalencia informativa trazados por el poder (líderes políticos, organizaciones gubernamentales, grupos de presión, sistema judicial y responsables del orden público)”.

 

La modernidad ha acompañado a la postverdad de siempre, pero desde que se generalizo Internet y el empleo de las redes sociales, este fenómeno ha tenido un efecto multiplicador. Se construye una realidad sin contenido, prefabricada por un modelo inmerso en nuevo contexto relacional entre periodistas y fuentes informativas. Sus intereses: dominar y establecer la agenda mediática. De esta manera son los medios de comunicación los que  establecen la agenda y direccionan nuestro pensamiento, además de, influenciando en las opiniones y en las actitudes de las personas. Según Maxwell McCombs, catedrático de la Universidad de Texas “Las noticias influencian cómo piensan las personas”.

 

El ecosistema comunicativo ha cambiado: la institucionalización de sus fuentes, la aparición de nuevos actores –spin doctor, mediadores etc…- y profesionales de la comunicación digital, han modificado las práxis periodísticas, sobre todo en el ámbito del periodismo y la comunicación política, y más en concreto lo que se ha venido a llamar “periodismo de declaraciones”: una forma pasiva de recolección de información, basada en la mera reproducción literal de declaraciones interesadas.  Fórmula, que recuerda a los “modelos comunicativos” de los regímenes autoritarios, en los que los mensajes del régimen en cuestión se inoculan directamente en la opinión pública y, dónde el ejercicio periodístico queda en un segundo plano.

 

Y llegados a este punto tras mi mas de lo que pretendía extensa explicación, y a modo de conclusión decir que tanto los medios tradicionales como las redes sociales fomentan la construcción de una realidad basada en informaciones falsas o incompletas, cada medio lo hace a su manera: la insinuación, la falta de contexto, la inversión de las relevancias o la “postcensura”, son algunas de las herramientas “des-comunicativas” que padecen los públicos de la actualidad, unos públicos en “régimen de postsverdad”.

 

La postura ambigua de los medios como difusores de los políticos hace que los periodistas sean complices de la proliferación de desinformación y hechos inciertos y,…..pensemos lectores en lo que puede acontecer sino marcamos unos minimos legales para el imperativo de la verdad, de una prensa democrática y en libertad, pues de no ser asi en unos años mucho padeceremos lamentar y quizá sea demasiado tarde para poder enmendar, por lo que desde aquí a los políticos apelo; SEÑORES LEGISLADORES, ¡ACTUÉN! ¡NO HAY TIEMPO QUE PERDER!

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